Dios, clemente y amoroso, te agradecemos el don de nuestros sacerdotes.
A través de ellos, experimentamos tu presencia en los sacramentos.
Ayuda a nuestros sacerdotes a ser fuertes en su vocación.
Enciende sus almas con el amor por tu pueblo.
Concedeles la sabiduría, el entendimiento y la fortaleza que necesitan para seguir los pasos de Jesús.
Inspiradlos con la visión de vuestro Reino.
Dales las palabras que necesitan para difundir el Evangelio.
Permíteles experimentar gozo en su ministerio.
Ayúdalos a convertirse en instrumentos de tu divina gracia.
Pedimos esto por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina como nuestro Sacerdote eterno.
Amén









